DON OSVALDO EN SANTA FE: Políticamente inolvidable
Santa Fe, 25 de abril de 2026. La noche caía sobre la imponente Estación Belgrano cuando una multitud de todas las edades comenzó a copar el predio. Familias enteras, pibes y pibas que recién descubrían el rock nacional, treintañeros y cuarentones que cantaban los temas desde la adolescencia, y hasta abuelos que acompañaban a sus nietos. La convocatoria fue masiva y transversal: el rock de barrio volvió a unir generaciones en un mismo abrazo.La lluvia amenazó en la previa, pero no pudo con la fiebre. Adentro, el ambiente ya era puro fuego. Pasadas las 22:30, las luces bajaron y Don Osvaldo salió al escenario. Arrancaron con “Alma”, un abrazo sonoro que funcionó como declaración de principios: “esto es lo que vinimos a buscar”. La voz de Pato Fontanet sonó intacta, potente y emotiva, como si el tiempo no hubiera pasado por ella. El setlist fue una mezcla perfecta de clásicos propios y guiños al rock barrial. Sonaron “Políticamente correcto”, “Barrilete” y un cover de Callejeros (“Palo borracho”) que levantó al público como pocas veces se ve. Hubo momentos de pura catarsis colectiva, con miles de gargantas coreando al unísono, banderas ondeando y esa liturgia que solo genera Don Osvaldo: el pogo respetuoso, el canto a todo pulmón y esa sensación de pertenencia que trasciende lo musical.
La Estación Belgrano, con su arquitectura histórica convertida en centro de convenciones, resultó un marco ideal. El sonido viajó limpio por el lugar y la producción acompañó la energía de la banda. Fue un show intenso, sin pausas innecesarias, donde cada tema parecía tener un significado extra en esa noche de reencuentro con el público santafesino.Desde las crónicas del lugar se habló de “noche épica”, “fuego que une las almas” y “show histórico”. Y no exageran. Don Osvaldo no solo tocó: generó un rito colectivo. En tiempos donde el rock argentino a veces parece fragmentado, ver a una banda que sigue llenando plazas con gente de todas las edades es una señal clara de que ciertas cosas siguen vivas y latiendo fuerte.Al final de la noche, mientras la gente salía todavía cantando, quedaba flotando esa sensación rara y hermosa: la de haber sido parte de algo genuino. Santa Fe le devolvió el cariño a Don Osvaldo y la banda se lo retribuyó con rock crudo, sincero y sin vueltas.
Hasta la próxima vuelta, Pato y compañía. La fiebre por girar sigue más viva que nunca.
Por Florencia Torres